Empleado 2.0, “aquel que utiliza asiduamente las tecnologías y las redes sociales para aumentar su rendimiento en el trabajo”.
Empresa
1.0,
“anclada en sistemas obsoletos y pocos
productivos”, desde el punto de la incorporación en las empresas de las
herramientas tecnológicas.
[Ambas definiciones están extraídas del primero de
los artículos recomendados que aparecen al final del artículo].
Aunque con algunos matices, esta puede ser una
definición tipo de los nuevos perfiles de organizaciones y empleados que el
entorno 2.0 está ayudando a crear.
Las
ventajas en el primer caso (2.0) tienen que ver con
la actitud y las capacidades que una
persona de este perfil puede representar:
- Colaboración
- Participación
- Creatividad
- Innovación
- Flexibilidad (mayor predisposición al cambio)
- …
Para
una empresa, las oportunidades que ofrece este
modelo son igualmente notables:
- Capacidad de escucha
- Diálogo
- Inteligencia colectiva (resolución del problemas complejos)
- Involucración de los empleados en retos comunes
- Resideño continuado del futuro en el que se mueve la organización.
- …
El problema surge cuando es la propia empresa (sus
responsables) la que se opone a los nuevos tiempos y considera los medios
sociales y el entorno 2.0 como una pérdida de tiempo.
El caso de las organizaciones públicas es aún más evidente.
No solo por las ventajas que supone trasladar esta
mentalidad hacia el interior sino por las enormes, y aún no exploradas, opciones de implicar a los ciudadanos en este modelo.
Para los que aún tengan alguna duda, un ejemplo más que ilustrativo en el ámbito
privado:

