La monarquía británica: incertidumbre, falta de transparencia y errores de comunicación

 

Si quieres instituciones modernas, comienza por abrirlas al público al que se dirigen.

La transparencia no es una opción, es una necesidad. En el caso de una institución pública, un derecho de los ciudadanos.

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Y la monarquía británica parece ignorar ambos.

Y como cabía esperar, la opacidad y la falta de información oficial conllevan inevitablemente rumores y especulaciones.

En cierta medida, el rumor no deja de ser un fracaso de la comunicación.

La opacidad y la falta de información oficial conllevan inevitablemente rumores y especulaciones. Porque el rumor no deja de ser un fracaso de la #comunicación. Clic para tuitear

Rumor = I x A (importancia por ambigüedad), Allport y Postman

De ahí, la confusión real que se ha generado con el estado de salud de Kate Middleton, el cáncer del rey Carlos III, los escándalos del príncipe Andrés o las tensiones con el príncipe Harry.

La excusa de la privacidad no se sostiene. Es más, si la salud de los representantes públicos puede afectar al futuro de un país, su situación física y mental -con salvedades, lógicamente- debería trasladarse con cierta normalidad.

Solo así se puede crear un sentimiento de cercanía, que fomente la confianza y legitimidad de instituciones y representantes públicos.

Porque la opacidad conduce directamente a la desinformación. Y más en un contexto como el británico, donde el ecosistema de los medios de comunicación es un tanto particular y dista de los usos habituales en otros países monárquicos, como España.

La imagen de la monarquía británica se resiente, y se percibe en muchos casos como distante y desconectada. Y no olvidemos que, en comunicación, las percepciones son mucho más importantes que la realidad.

Adaptarse a los nuevos tiempos implica:

  • Transparencia. Informar con claridad y de forma regular sobre la familia real, sus actividades, el uso al que destina el dinero público… y el estado de salud de sus miembros.
  • Ser más accesible. Permitir que los ciudadanos se acerquen a la institución y la conozcan y ser capaces de transmitir una imagen (real) más cercana, menos rígida.
  • Modernizar la comunicación. Adaptarse a los intereses cambiantes de la sociedad con un lenguaje y formato adaptados, especialmente, a las nuevas generaciones.

Continuar por la senda decimonónica de la tradición y el secretismo pone en peligro la institución.

Es hora de ir abriendo las puertas de palacios y residencias oficiales, antes de que los ciudadanos decidan que es el momento de ir cerrándolas.


Ilustración: Freepik

 

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