Una red para el cambio. Nuevos medios para un mismo fin

Me siguen resultando llamativos los encendidos debates que se producen sobre fenómenos objetivamente tan recientes como la web 2.0 y que, en mi opinión, requerirán cierto tiempo y distancia para que puedan adquirir cuerpo y sustancia.

Uno de estos clásicos contrapone plenitud frente a vacuidad en el uso y perspectivas que ofrecen las redes sociales.

Poco amigo de los extremos, casi siempre encuentro la virtud en el punto medio, he leído en esta última semana varias referencias sobre las enormes transformaciones que ya se han producido y algunas otras que solo intuimos.

Evidenciaba Enrique Dans en su blog los enormes cambios que hemos vivido en los últimos años, en pautas como el consumo y en sectores como el turismo. Y apuntaba, sobre todo, a las enseñanzas que de esta evolución deberíamos extraer.

En un plano absolutamente distinto, pero con idéntica fiabilidad, Antoni Gutiérrez-Rubí trasladaba en una entrevista su opinión sobre este punto.

Parece claro que, independientemente de los protagonistas, la web 2.0 ha transformado profundamente determinadas formas de comportarse tanto a nivel empresarial (con los clientes, por ejemplo) como político (con los ciudadanos).

Pero parece igualmente evidente que el camino recorrido es solo una parte ridícula del trayecto.

Muchas empresas, instituciones (e.g. Administración pública) o políticos andan aún despistados y no saben muy bien qué rumbo tomar.

Lo que sí parece irreversible, desde mi punto de vista, es que -se comulgue o no con ella- se trata de una realidad y no de una opción. Por ello, los actores que quieran seguir jugando cierto papel en su ámbito deberán necesariamente adaptarse… y las manecillas del reloj ya han comenzado a girar.

En el ámbito político y en la gestión de los asuntos públicos (aunque sus enseñanzas son igualmente aplicables al mundo de la empresa) hay que cambiar radicalmente de forma de pensar y de actuar.

Las viejas reglas de la política, las rancias estructuras de los partidos, esos dinosaurios políticos tienen ante sí un reto y una necesidad de la que no pueden sustraerse.

Las estructuras jerárquicas, la información de arriba a abajo, la opacidad, la burocracia… son valores todavía hoy imperantes pero su ciclo se acaba. Toman su relevo otros: las relaciones horizontales, la comunicación multidireccional, la transparencia, la accesibilidad…

Escuchar, compartir, aprender, discutir, incorporar… son verbos que en determinados ámbitos no se está muy acostumbrado a conjugar, pero habrán de hacerlo.

La tecnología, las nuevas herramientas, van a facilitar el cambio, lo van a acelerar e incluso van a hacerlo inevitable pero no han creado la necesidad. Ya existía en una sociedad (clientes, ciudadanos, electores) que reclamaba nuevas fórmulas a todos los niveles.

Porque las redes sociales, como explica el siguiente vídeo del programa de TVE Redes, han existido siempre:

Aprovechemos pues esta oportunidad y exijamos con nuestras decisiones como clientes, consumidores, ciudadanos… estos cambios para hacer buena la respuesta de Gutiérrez-Rubí, que suscribo aunque lamentablemente aún no le intuyo fecha:

  • ¿Qué será de las formaciones políticas y de las empresas que ignoren estos procesos de transformación?
  • Primero perderán y luego desaparecerán.

Amén (que así sea).

2 Comentarios

  • Alfredo Arceo
    Posted 29 abril 2011 08:41

    Totalmente de acuerdo contigo. La comunicación 2.0 debe constituir una herramienta de presión a empresas, organizaciones públicas y partidos políticos para generar cambios profundos y que la bidireccionalidad simétrica se imponga como estilo de vida.

  • Luis Miguel Díaz-Meco
    Posted 29 abril 2011 15:17

    Me alegro, Alfredo, de que compartas este punto de vista y espero que la «bidireccionalidad simétrica» de la que hablas (me ha gustado el término 😉 sea bien pronto una realidad.

    Un abrazo

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