Si no quieres que se sepa, ni lo pienses

 

Uno de los aspectos básicos de la comunicación son las expectativas.

Manejarlas con sabiduría es el primer paso hacia el éxito. De ahí que sea fácil explicarnos por qué algunas personalidades públicas, políticos… jamás dejen de cavar su propia tumba reputacional.

¿Cómo evitar que determinados pensamientos o actitudes salgan de nuestra esfera personal, se difundan y nos causen problemas?

En determinados entornos, no existen las conversaciones privadas. Todo es susceptible de ser utilizado, en tu contra.

Recuerda, en determinados entornos, no existen las conversaciones privadas. Todo es susceptible de ser utilizado, en tu contra #comunicación Clic para tuitear

Vivimos en cajas de cristal, en las que nos creemos a salvo, pero donde estamos a la vista de todo el mundo.

Y no solo hablamos de redes sociales, cualquier conversación supuestamente extraoficial, comentario de pasillo o cruce de palabras intrascendente puede provocarnos un serio dolor de cabeza.

Siempre es un riesgo hablar con la prensa: suelen publicar lo que dices. Hubert H. Humphrey, vicepresidente de los EE. UU.

Si fuéramos un dechado de virtudes (ética, honestidad, compromiso…), todo sería más sencillo. Sin embargo, como todos tenemos nuestros claroscuros, conviene siempre ser siempre cautelosos y pecar mejor por defecto, que por exceso.

De lo que no puedo hablar tengo la obligación de callarme. Ludwig Wittgenstein, filósofo

Si tienes un puesto de cierta relevancia pública y quieres evitarte problemas, los típicos malentendidos, aplica siempre este decálogo:

  • No mientas

Por muy rápido que corra la mentira, la verdad siempre la alcanzará. Jacob Cats, poeta neerlandés

  • No presupongas.
  • No exageres (recuerda las expectativas de las que hablábamos al principio).
  • Si no tienes un dato o una opinión formada sobre un tema determinado, no lo ocultes, sé sincero. Reconoce tu ignorancia, ofrécete a completar la información, pero nunca improvises.
  • En definitiva, prepara previamente todo lo que tengas que decir (tu mensaje) y cíñete a él.

El negocio de decir lo mismo una y otra vez es aburrido, pero funciona. Michael Deaver, exjefe de gabinete de Ronald Reagan


Fotografía: Unsplash

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