La comunicación, no digamos ya la reputación o imagen pública de una empresa, cada vez pertenece más a sus públicos y menos a la propia empresa.

Las organizaciones han perdido ya tanto el monopolio de la comunicación como el control de la información que se genera en torno a ellas.

Las marcas las moldean quienes las consumen… Y cuanto mayor es la marca, menos podemos controlar esta información.

Las marcas pertenecen cada vez más a sus públicos y menos a la propia empresa #comunicación Clic para tuitear

Y las expectativas de nuestros clientes y empleados pasan por mejorar la sociedad en la que vivimos, por ser un protagonista del cambio y no solo por ganar más y más dinero. Hasta los grupos empresariales han comenzado a darse cuenta de esta evidencia.

Por ello, leía con cierta ironía en este artículo de Shift Communications que las empresas necesitan comenzar a hablar menos sobre lo que ofrecen. Necesitan centrarse en lo que hacen y por qué importa.

Hemos de entender ya que en un entorno como el actual, de transparencia radical, no es posible ocultar -por mucho tiempo- comportamientos o actitudes contrarios al interés general.

Si la sociedad demanda determinados valores, usos o compromisos, más te vale ir adquiriéndolos, si no los tienes ya.

Si la sociedad demanda determinados valores, usos o compromisos, más te vale ir adquiriéndolos, si no los tienes ya #comunicación Clic para tuitear

El resto es una apuesta hueca por unos propósitos en los que la comunicación no debería participar.

Qué bien nos habría ido si hubiéramos seguido más a Camus, en lugar de haber protagonizado tantos intentos por cambiar el mundo, a peor:

¿Qué hemos hecho ante los terribles males del mundo? Para empezar, no agravarlos


Fuente de la fotografía: Pexels

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