(…) Los genes y el entorno interactúan siguiendo pautas inimaginablemente complejas. Como resultado, el comportamiento humano siempre será impredecible

Acabo de finalizar el último libro de David Eagleman y todavía no me he repuesto. Sus revelaciones, fruto de años de investigación propios y ajenos, nos muestran mucho más insignificantes, y menos dueños de nuestro destino, de lo que muchas veces nos creemos.

De hecho, algunas de sus revelaciones dan casi miedo.

Incógnito_optIncógnito. Las vidas secretas del cerebro, David Eagleman

Los genes nos marcan, más de lo que pensamos

Las personas no nacen iguales. No llegamos al mundo con las mismas capacidades. Sea cual sea el eje que se utilice para medir a los seres humanos, se descubre una amplia distribución genética ya sea de empatía, inteligencia, habilidad para la natación, agresividad o talento innato para la música o el ajedrez. Y a partir de ahí, la historia personal termina de moldear nuestro cerebro.

Así que deberíamos relativizar lo importantes, inteligentes y divinos que nos creemos: uno no elige ni su genética ni el ambiente donde se cría, y mucho menos la interacción de ambos. Y de ahí somos lo que somos.

De hecho, se ha comprobado en EE. UU. que si una persona es portadora de una serie concreta de genes tiene 8 veces más probabilidades de cometer una agresión con daños físicos graves, 10 de cometer asesinato y 44 de convertirse en un agresor sexual.  El 98,4 % de los presos que se encuentran en el corredor de la muerte comparte esta serie genética.

 

¡Somos unos inconscientes!

El ser humano tiene poca capacidad para escoger o explicar sus actos, motivaciones o creencias. Las riendas las lleva nuestro cerebro inconsciente , conformado por innumerables generaciones de selección evolutiva y toda una vida de experiencia.

Hay alguien en mi cabeza, pero no soy yo, Pink Floyd

Gran parte de lo que somos permanece fuera de nuestra opinión o elección. Eagleman lo explica de la siguiente manera: Imagina que intentas cambiar tu idea de la belleza o de la atracción ¿Qué ocurriría si la sociedad le pidiera que a partir de ahora se sintiera atraído por el sexo que no le atrae en la actualidad? ¿Podría hacerlo? NO. Nuestros impulsos más básicos están bordados en el tejido de nuestro circuito nervioso y nos resultan inaccesibles. Ciertas cosas nos resultan más atractivas que otras y no sabemos por qué.

De hecho, nuestra conciencia casi nunca participa en la toma de decisiones. Los ojos dilatados, los celos, la atracción, la afición a las comidas grasas o aquella gran idea que tuvimos la pasada semana son fruto de la gigantesca y misteriosa fábrica que funciona debajo de la mente consciente.

 

La realidad es una recreación del cerebro

El cerebro procesa la información auditiva y visual a velocidades distintas. Cuando chasqueamos los dedos, por ejemplo, parecen simultáneas pero, no te dejes engañar, es el cerebro el que echa un poco de imaginación a su labor de editado. Por eso la realidad, tal y como la percibimos, no es un reflejo exacto de lo que ocurre «ahí fuera» sino una construcción mental.

Conviene, por tanto, tener clara una premisa: no conviene fiarse de nuestros sentidos. De hecho, a los pilotos de cazas, durante su formación, siempre le trasladan una máxima: «confía en los instrumentos», no en tus sentidos porque estos nos mienten.

 

Un truco para saber qué decisión tomar

En ocasiones es difícil estar seguro sobre qué decisión tomar. Eagleman, a partir de las investigaciones de Antonio Damasio, entre otros, propone lanzar una moneda al aire y elegir cara o cruz. La clave está en qué se siente cuando sale una u otra opción: si tenemos una sensación de alivio, la elección es la correcta; si por el contrario estimamos que es ridículo decidir a cara o cruz, podemos tener claro que hemos de elegir la otra opción.

 

Podemos aprender casi cualquier cosa que nos propongamos

Una de las características más espectaculares del cerebro humano es su flexibilidad para aprender casi cualquier tipo de tarea. Y es esta flexibilidad la que determina la inteligencia humana. Por ello podemos colonizar cualquier región del planeta, aprender el idioma del lugar donde nacemos o vivimos, dominar actividades tan diversas como tocar el violín, practicar el salto de altura o manejar un transbordador espacial. Otra cosa es el grado de destreza que finalmente alcancemos 😉

 

Alguna lección para la comunicación

Si apelamos directamente a los circuitos de gratificación instantánea, tenemos el éxito asegurado. Pensemos en los préstamos personales, nos comprometemos con tipos de interés a largo plazo porque es muy difícil resistirse a los caprichos inmediatos, sobre todo, si diferimos su pago en la nebulosa del futuro.

Por eso en comunicación política es tan importante prometer resultados a corto plazo, que ilusionen a tu electorado, incluso aunque sepas que no los puedes cumplir. De hecho, la mayoría de los políticos lo hacen, aunque me temo que ellos ignoran que la ciencia avala su falta de ética.

 

¿Se puede padecer Alzheimer durante años y no mostrar síntomas?

Sí. Se ha descubierto, a partir de numerosas autopsias, que muchas personas mostraban una devastación nerviosa provocada por la enfermedad de Alzheimer, pero en vida no habían mostrado ningún síntoma. ¿Cómo es posible? Esas personas siguieron manteniendo ocupado su cerebro, con su actividad profesional habitual, realizando crucigramas o cualquier otro tipo de desafío diario. Algunas partes de su cerebro se degradaron, fruto de la enfermedad, pero el resto suplió esas carencias con soluciones alternativas sin que se evidenciara ningún síntoma.

 

Apenas somos conscientes de lo que ocurre a nuestro alrededor

Piensa en la primera vez que vas en coche a tu trabajo, por ejemplo. Estamos atentos a casi todo, durante todo el camino. El trayecto se hace largo. Pero cuando hemos ido muchas veces, somos capaces de hacerlo sin pensar en ello. Nuestros sistemas zombis han automatizado el proceso y solo tenemos una vaga impresión de haber salido de casa y haber llegado al trabajo. En el intervalo, hemos podido pensar en otras mil cosas. Solo cuando algo reclama nuestra atención: un accidente, un atasco… recobramos plenamente la consciencia, de nuevo.

 

Los secretos no son saludables

Las investigaciones en neurología y psicología quizá hayan ofrecido una explicación a nuestro interés por conocer y divulgar secretos. Mantenerlos no es saludable para el cerebro. De hecho, en víctimas de violación, incesto… no comentar ni confiar en nadie para revelar lo que ha ocurrido puede llegar a ser más dañino que el hecho en sí.

 

Es imposible ponerse en la piel de otra persona

La empatía es una herramienta de enorme valor y vale la pena siempre hacer el esfuerzo, pero hemos de ser conscientes de que es imposible saber qué piensa y por qué una persona actúa de determinada manera. ¿Por qué? Porque nuestros cerebros son distintos y la elaboración de nuestros pensamientos y las acciones que se derivan de ellos transitan por lugares muy diferentes.

De este modo, podemos entender comportamientos, siempre ajenos 😉 , que antes nos parecían inexplicables.

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