Recetas contra la crisis de legitimidad. Análisis a contracorriente tras el 20N

Contrariamente a lo que desearían muchos políticos, el día después de las elecciones no se acaba todo; si acaso, empieza. [En esta reflexión debemos incluir también sus perfiles en las redes sociales, aunque me temo que si alguno lo lee no lo entienda].
 
El voto es solo un paso. Una garantía, sin duda, pero solo una pequeña parte de lo que supone la democracia.
 
Lo más importante es el día a día y aquí nuestro actual sistema político adolece de muchos achaques, el más grave quizá, su falta de transparencia.
 
Leía recientemente un excelso artículo de Adela Cortina que debería ser de lectura obligatoria para cualquier político que ostente un cargo público o aspire a ocuparlo.
 
Daba esta catedrática de Ética una serie de pautas para disminuir la enorme distancia actualmente existente entre administradores y administrados:
 
  • Transparencia
  • Responsabilidad
  • Rendición de cuentas
  • Buena gestión de los recursos públicos…
 
Da cierto pudor reflejarlas porque deberían ser elementos consustanciales a cualquier cargo electo.
 
La realidad, sin embargo, lo desmiente: “Tal vez la política esté lesionada porque muchos de los políticos no se interesan por los problemas de los ciudadanos, sino por maximizar su beneficio personal y grupal”.
 
En otro entorno, completamente distinto, el presidente de Inditex, Pablo Isla, en una entrevista en Expansión, dejaba una brillante reflexión sobre cómo alinear a los empleados con la estrategia de negocio: Una comunicación muy abierta, sincera y transparente, basada en la confianza y en la profesionalidad, que opera tanto desde la dirección hacia los equipos como en sentido opuesto. Tener un estilo que contagie confianza en cada persona, siendo exigentes y creando entornos donde se favorezca la aportación de ideas, escuchando a cada uno y replanteándonos siempre todo, sin acomodarnos en lo que hasta ahora ha funcionado”.
 
Por qué no aplicar estas ideas al ámbito político.
 
Elevar el compromiso ético y mejorar la gestión. Suena a música celestial.
 
Lamentablemente parece que, de momento, no a todos.
 
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