ID-100296395_optImaginemos una conversación simulada pero habitual sobre la comunicación, lo que representa y lo que puede ofrecer a cualquier organización.

D = Directivo

PC = Profesional de la comunicación

[Si rebajamos el nivel de los interlocutores, el contenido se puede distorsionar aún más].

  • D: ¿Qué puede hacer para mejorar la imagen de mi organización, marca o negocio?
  • PC: Depende lo que su organización, marca o negocio sea y de lo que quiera transmitir.
  • D: Cómo que depende. Quiero que mi negocio parezca alto, guapo y fuerte.
  • PC: En ese caso, una gestión profesional de la comunicación puede lograr que su negocio sea percibido como alto, guapo y fuerte. ¿Solo hay un problema, un requisito previo?
  • D: ¿Cuál?
  • PC: Que su organización, marca o negocio han de ser previamente altos, guapos y fuertes, porque la comunicación no hace milagros y aparentar lo que no se es termina pasando factura.

Esta es la imagen que en muchas ocasiones se tiene de la comunicación, incluso en entornos directivos: un remedio milagroso al que acudir cuando se tiene algún problema o alguna necesidad concreta.

Pero no una herramienta estratégica que debe manejarse en la gestión del día a día y que debe ayudarnos a moldear los valores, la imagen y la reputación que intentamos transmitir.

Dicho de otro modo:

Charla del profesor Paul Argenti en la presentación de su libro «Comunicación estratégica y su contribución a la reputación» [A partir del minuto 21]

Entonces para qué sirve la comunicación:

  • Para fijar y dar forma a la estrategia y a los valores de una empresa.
  • Para diseñar cómo transmitirlos, tanto hacia el interior de la organización (primero e ineludiblemente) como hacia afuera.
  • Para crear unos canales permanentes de comunicación que favorezcan la interacción con nuestros públicos.
  • Para recoger todo ese caudal de información y ponerlo al servicio de la organización, tanto de sus directivos como del resto de empleados, para mejorar los procesos internos, los productos y servicios, anticipar escenarios y posibles crisis, adelantarse a las necesidades de sus clientes…

Y en su lugar, qué solemos hacemos. Pedir a la comunicación que edulcore o maquille lo que no nos gusta, en lugar de cambiarlo. Y así nos va!

La comunicación puede y debe ayudarnos antes; debe ser capaz de actuar de manera preventiva, anticipar el problema y la posible solución.

Si tienes algo que ofrecer, crees en unos valores forjados durante el tiempo, y compartidos por el resto del equipo, crees en la transparencia como un fin… apuesta por buenos profesionales que garantizarán el éxito de tu comunicación.

Si no, no malgastes el dinero, aun con buenos profesionales fracasarás. Y cuando lo hagas, al menos, no culpes a la comunicación.

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Fuente de la imagen: Freedigitalphotos

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