Manual político para el candidato (y no solo en campaña)

En épocas como la actual, a las puertas de unas elecciones municipales y autonómicas en España y en la que los candidatos se esfuerzan por mostrar su mejor cara, proliferan todo tipo de publicaciones, listados, manuales, decálogos… con consejos para el candidato ideal, como si el real no existiera.

Es más, comprendo, comparto y, de hecho, contribuyo a esta fiebre consejera pero lo que ya queda más alejado de mi entendimiento es por qué todas esas cualidades se exigen o solicitan ahora y no durante toda la legislatura.

En cualquier caso y al margen de la capacidad de gestión, que vamos a dar por supuesta y sobre la que no vamos a entrar, me gustaría compartir algunas de las cualidades que, desde mi punto de vista, todo político debería exhibir:

Cercanía y accesibilidad. Lejos quedaron los tiempos de las nobles salas palaciegas. El político actual tiene la obligación de conocer, de primera mano y no a través de asesores o terceras personas, los problemas de sus conciudadanos.

Herramientas como el correo electrónico o las que facilita la web 2.0 hacen mucho menos relevante patear la calle para encontrarse con vecinos y charlar sobre sus necesidades.

Capacidad de escucha. De nada sirve este conocimiento si no se emplea posteriormente en la gestión de los asuntos diarios. Es más, si esta escucha se utiliza con eficacia, se explica y se incentiva, se puede crear un círculo virtuoso que se alimente de forma continuada.

Transparencia y explicación de los detalles de la gestión. Si se cumplen los puntos anteriores, explicar lo que se hace, por qué, con qué propósito… es absolutamente indispensable.

El ciudadano tiene todo el derecho a conocer cómo se gestionan sus impuestos, en qué se emplean y cuáles han sido los criterios elegidos.

Más allá del propósito propagandístico habitual, y esto es algo que no acabo de comprender, el político debería ser el primer interesado en difundir su gestión, explicarla, debatirla, enriquecerla y hacer partícipe a toda la comunidad de los logros. Porque, como afirmaba Goethe: “No hay más verdad que la que se percibe».

De este modo, se obtiene mayor legitimidad porque los resultados responden realmente a las demandas ciudadanas y se es más eficaz en la gestión de los asuntos públicos.

Naturalidad en la asunción de responsabilidades y reconocimiento de errores.
Si se gobierna o se participa en la gestión política de acuerdo con los planteamientos anteriores, los errores seguramente se reducirán pero, cuando se produzcan, deben asumirse con naturalidad y con un ánimo de mejora, como una oportunidad de corregir un rumbo equivocado.

Porque al margen de la imagen que en ocasiones se quiere proyectar, los políticos son personas absolutamente normales, sin poderes especiales ni una capacidad de trabajo sobrenatural. Como tales se comportan y, como tales, yerran y aciertan.

Evaluación permanente, dentro de un proyecto de mejora continua.
Todos estos elementos languidecerían sin un proyecto global y continuado de evaluación dentro de una estrategia de calidad en el servicio y en la gestión.

Si se siguieran estos principios, seguramente, el examen de las urnas no sería tan traumático para tantos políticos que se esfuerzan, con todo tipo de medios, es mostrar en apenas unos meses toda una gestión que no han realizado en años.

Y la falta de interés y desconfianza ciudadana hacia los políticos sería menor, porque como ocurre en el fútbol con las aficiones, se presupone un apoyo continuado a tus colores, pero es que el equipo tiene que poner algo de su parte…

Dar, dar, dar y no recibir nunca casi nada, es algo que está al alcance de muy pocos púgiles.

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  • ¡Paisano, quiero ser tu líder!, en el último número de la revista Más poder local
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