Lo que usted ve, oye, siente y piensa se basa en lo que espera ver, oír, sentir y pensar. A su vez, sus expectativas se basan en la totalidad de sus recuerdos y experiencias previas

Los engaños de la mente

Los engaños de la mente, S.L. Machnik y S. Martínez-Conde

Este libro cumple el propósito que se marcan sus autores. Tal y como ocurre con la magia, el oficio más honesto que existe: te promete que va a engañarte y eso es precisamente lo que hace.

A lo largo de sus casi 400 páginas se desvelan trucos y mecanismos mentales que aprovechan la vulnerabilidad de nuestro cerebro para manipularlo; las mismas claves que aprovechan a diario profesionales de la publicidad, la gestión empresarial, incluso algunos de la comunicación 😉

A continuación, algunas pinceladas, que no pretenden ser más que una invitación a su lectura.

Solemos creernos muy listos, algunos más que otros, pero nuestra percepción es básicamente ilusoria: desechamos aproximadamente el 95 % de todo lo que ocurre a nuestro alrededor.

No podemos fiarnos ni de nuestros propios ojos ya que inventamos gran parte de lo que vemos, rellenamos los huecos de las escenas visuales que el cerebro no puede procesar. Piensa que cada uno de nuestros ojos tiene una resolución aproximada de un megapíxel, bastante menor que la de cualquier cámara incorporada en un teléfono móvil.

Así que, como decía un personaje de Allan Poe: no creas nada de lo que escuches y solo la mitad de lo que veas.

Se ha demostrado que la multitarea es un mito. Nuestro cerebro no está diseñado para ocuparse de dos o tres cosas al mismo tiempo. Está configurado para responder una a una.

El lenguaje, las palabras que elegimos para describir un hecho, influye enormemente en la percepción y el recuerdo que se tiene de él.

Algunas partes de nuestro cerebro en ocasiones saben lo que vamos a elegir segundos antes de que seamos conscientes de nuestra elección. En muchas ocasiones, estamos convencidos de que decidimos libremente, pero no es cierto.

Todos coloreamos la realidad basándonos en nuestras experiencias, expectativas, creencias… Y estos elementos están configurados por la cultura, la educación familiar, la publicidad o incluso la presión social.

Si queremos ocultar algo a alguien, lo mejor es no pensar en ello en su presencia. La voz, la mirada, la postura… podrían delatarnos.

Ninguna decisión es puramente racional ya que siempre nos dejamos influenciar por nuestros sesgos, expectativas, suposiciones…

La memoria es falible y cuanto más tiempo transcurre entre la adquisición y la recuperación de un recuerdo, menos exacto es. Por ello es siempre recomendable dejar constancia de cualquier información o conversación justo después de producirse.

El humor y la complicidad consiguen que bajemos la guardia. Si alguien nos cae simpático, disfrutaremos mucho más de los que nos tenga que contar. Recuérdalo para tu próxima presentación.

La atención realza una pequeña parte del mundo y suprime todo lo demás. Por eso, antes de tomar una decisión importante es conveniente elaborar una lista con todos los detalles que hayamos reunido. Hemos de centrar la atención sobre cada uno de ellos, en profundidad (repercusiones y sensaciones que despiertan en nosotros). Una vez finalicemos, tendremos una visión completa del tema basada en los hechos, pero también en nuestros instintos.

Y no minimicemos nunca la capacidad de nuestra mente porque basta creer que un medicamento aliviará un dolor para que el cerebro segregue sus propios analgésicos naturales.

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Fuente de la imagen destacada: Freedigitalphotos

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