ID-100261047_optDurante la semana pasada tuve ocasión de compartir diálogo en Twitter (#CyACartuja) con un grupo de alumnos de Administración y Finanzas del instituto de Educación Secundaria Cartuja de Granada (España).

Se trata de una excelente iniciativa de José Miguel García, que permite acercar diversos aspectos de la comunicación a estudiantes interesados en mejorar sus habilidades personales y profesionales.

Y en este contexto, he querido rescatar dos artículos que he leído recientemente sobre las cualidades imprescindibles para el ámbito laboral, sea cual sea tu trabajo. El primero, en inglés, publicado en Lifehacker, y el segundo, escrito por Rosa Matías, en el siempre recomendable blog de Silvia Albert.

Lo más destacable es que casi todos los aspectos reseñados en ambos están directamente vinculados con la labor de un profesional de la comunicación y algunos de ellos son los elementos centrales de su labor diaria.

Comencemos por estas últimas:

  • Habilidad para escribir. Nuestra jornada laboral se construye básicamente a partir de las palabras: relatos, artículos, discursos, noticias, gestión de redes sociales… Todo requiere colocar ciertos símbolos sobre una superficie, ya sea un folio o una pantalla.
  • Y para hablar. La efectividad de las reuniones, presentaciones o comunicaciones directas con tu equipo, formales o informales, está en juego.
  • Habilidades digitales y cierto gusto e interés por la tecnología. Más allá de un aspecto de especialización, deberíamos comenzar a valorarlo como un elemento central en las capacidades de cualquier trabajador. [Si nos dedicamos a la comunicación sobra cualquier otro comentario].
  • Agilidad y capacidad de adaptación. Por encima de los conocimientos o la experiencia, deberíamos valorar la actitud con la que nos enfrentamos, a diario, a un entorno cambiante y en el que se plantean muchas más incógnitas que certezas. En comunicación, todos deberíamos especializarnos en la gestión de crisis, porque cada día van a ser más numerosas… e inevitables.

E incluso otras más alejadas tienen una traducción casi directa en las aptitudes de cualquier comunicador:

  • Capacidad para trabajar bien en equipo. Cuando los límites de la secuencia espacio (lugar de trabajo) y tiempo (jornada laboral) se rompen, el trabajo en red, la colaboración… dejan de ser una opción.
  • Necesidad de tejer una red de contactos (networking) cada día más amplia y variada. La época del empleado orquesta ha terminado. En un entorno como el actual se requieren conocimientos más especializados y habilidades más específicas que, muchas veces, no poseemos. Conocer y poder acudir a una fuente fiable es un tesoro.

Y a pesar de todas estas evidencias, que las empresas y organizaciones, y sus directivos, sigan sin plantearse con seriedad y determinación una apuesta sincera por la comunicación desafía cualquier lógica empresarial y, desde luego, escapa a mi escaso entendimiento.

Puedes consultar otros artículos publicados en el blog sobre este mismo tema.

Fuente de la imagen: Freedigitalphotos

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