Habilidades comunicativas imprescindibles, al alcance de todos

En un entorno como el actual, en el que cada día parece que tenemos menos tiempo para casi todo, conviene pararse a reflexionar sobre una serie de aspectos básicos de la comunicación, tan sencillos como habitualmente olvidados, que tienen una enorme capacidad para mejorar nuestra capacidad de diálogo, independientemente del medio que empleemos y del ámbito (personal o profesional) en el que la ejerzamos.

1. Empatía. [RAE: Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro]. Es la virtud esencial de cualquier proceso comunicativo: ponerse en la piel de nuestro interlocutor para garantizar el éxito del mensaje.

En comunicación, la clave está siempre en el receptor. No importa cuán elaborado sea nuestro discurso ni el periodo reflexivo previo que nos haya conducido a él; cómo haya sido recibido nos ofrecerá las claves para saber si hemos tenido éxito.

2. Escuchar, escuchar y escuchar. Hay que realizar siempre un esfuerzo adicional por escuchar a nuestro interlocutor y atender a sus razones. La práctica nos indica, sin embargo, que solemos hacer lo contrario; como afirma Nigel Barlow en su libro Re-think, «La mayor parte del tiempo usted y yo no estamos pensando (escuchando), simplemente, estereotipamos».

Frente al ruido, reflexión. Por eso es siempre tan importante dejar enfriarse una discusión o un enfrentamiento. Nuestro acercamiento al problema será diametralmente opuesto y en el intervalo no habremos aumentado el problema. Como afirmaba Albert Camus: «¿Qué hemos hecho ante los terribles males del mundo? Para empezar, no agravarlos».

3. Apostar por valores universales como la transparencia, la claridad y la sencillez. Seremos capaces, entonces, de trasladar mensajes creíbles y coherentes.

Y por último, no descuidar cualidades gratuitas y al alcance de todos que a menudo escondemos como si fueran un valioso tesoro que se desgastara con el uso: la fuerza de una simple sonrisa, de un agradecimiento o de una palabra cálida es capaz de desarmar un argumento o de buscar un punto de acercamiento con mejores resultados, en ocasiones, que un discurso perfectamente estructurado.

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