La rebelión de lo falso, que ya amenaza a nuestra realidad
Fake, la invasión de lo falso. Miguel Albero

 

Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante, Ryszard Kapuscinski

 

En la era digital, las fake news somos nosotros, Borja Bergareche

Realiza Miguel Albero en Fake, la invasión de lo falso una guía de la falsificación y nos muestra una brújula para caminar en la selva actual de falsedades en las que vivimos.

La obra -detallada, con muchas aristas y muy centrada en la falsificación, el arte y en algunos de los grandes tramposos de la Historia- ofrece argumentos muy valiosos para la reflexión.

No se trata de un fenómeno nuevo, ni mucho menos, ni un invento actual, por muy modernos que nos creamos. De hecho lo falso es tan antiguo como el hombre.

Pero nunca su presencia había amenazado incluso a la verdad. Hoy ya no nos creemos nada, la duda se ha instalado perennemente en nuestro cerebro.

En 2022 el 50 % de las noticias serán falsas.

Hemos sobrepasado muchos límites. Y ya, si no nos gusta la realidad, nos inventamos otra en lugar de intentar cambiarla. Qué magnífica lección para la comunicación, especialmente en el plano político.

Lo falso parece haber copado en nuestros días la realidad en un proceso de metástasis cuyo fin aún no vislumbramos.

Y Albero muestra dos síntomas claros de esta metástasis:

  1. Aquello inicialmente falso termina por convertirse en real; qué mejor síntoma de lo avanzado de la enfermedad que uno donde lo sano y lo enfermo se mezclan hasta confundirse.
  2. El lenguaje, porque cuando algo ha llegado a impregnar hasta el lenguaje mismo (…) es que la cosa ya es terminal.

Y para completar el cóctel, las nuevas tecnologías ejercen de gasolina en el fuego.

La corrección política, definida como el no querer llamar a las cosas por su nombre, nos hace mirar para otro lado en lugar de afrontar la realidad.

Y así llamamos invidente al ciego, persona con movilidad reducida al cojo o personas mayores a los ancianos.

Porque si el mal afecta ya al lenguaje, afecta a la manera de pensar, pues esta se construye con palabras.

Nuestro cerebro termina asociando inequívocamente imagen a verdad. Ya no sabemos qué es verdadero o falso, qué es auténtico y qué es una copia, porque la realidad es casi siempre, como en el efecto turifel, mucho peor que la copia

Y en una sociedad como la actual en la que lo visual desplaza a cualquier otro formato…

No soportamos la realidad, no somos capaces de asumirla y, por tanto, nos sumimos entusiastas en el mundo de lo falso, nos sumergimos entregados en un mundo (falso) que nos conviene porque mejora, y mucho, el original.

Hasta que comprobamos, que incluso ahora:

La historia es una serie de mentiras, que en general nos creemos, Napoleón Bonaparte


Fuente de la imagen principal: Pixabay

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.