ID-100181864_optLeía recientemente el artículo Is digital connectivity killing the conversation?, publicado en AirPR, sobre las consecuencias que el entorno digital, especialmente los dispositivos móviles, está teniendo en la forma en la que nos relacionamos con los demás.

De su lectura se puede deducir que nos hemos abalanzado a utilizarlos sin reparar en sus consecuencias y, lo que es más importante, sin una reflexión y formación previas sobre cómo hacerlo.

No comparto muchos de los aspectos que se mencionan, pero sí me parece interesante reflexionar sobre alguno de ellos:

  • En el artículo se menciona, por ejemplo, cómo la ausencia de comunicación cara a cara, unida al aumento del uso de los móviles, está disminuyendo nuestra capacidad para la empatía. No lo creo. Es más, en determinadas circunstancias y contextos, creo que esta capacidad de sentir el dolor ajeno, ponernos en la piel de los demás, o emocionarnos con sentimientos de terceras personas ha aumentado.
  • Toda esta conectividad, ¿nos separa… o nos une? En el texto se defiende que las conversaciones que se establecen en las redes sociales no son «verdaderas» y que estamos más preocupados de estar conectados que de conectar. Tampoco lo firmo. La posibilidad de tener una red de contactos que desborda los tradicionales marcos de espacio y tiempo es impagable; el aprendizaje y el conocimiento que de ella se puede obtener, aún más; y -desde luego- no son espacios excluyentes sino complementarios. Tener una presencia activa en el entorno digital no solo no impide sino que alimenta la posibilidad de disfrutar, también, de conversaciones reposadas, incluso cara a cara 😉
  • La desinhibición que en ocasiones propicia el entorno digital se está trasladando -se señala en el artículo- al resto de encuentros cara a cara. Pues, como casi todo en esta vida, depende. Las normas de cortesía, educación y respeto hacia los demás no deberían graduarse en función del canal. Quien así lo hace tiene un problema, de educación primero, y de formación en el uso de las nuevas tecnologías, después.
  • Las conexiones neuronales están cambiando, se dice, porque el cerebro se adapta a nuestros hábitos y por ello cada vez nos resulta más difícil leer un libro largo. En el caso de que esto sea posible en solo 10 o 15 años, ¿es necesariamente malo? Expertos en Neuroradiología como el doctor Juan Álvarez-Linera afirman: «Desde que llegaron los móviles ya nadie se acuerda del número de teléfono de nadie. Y esa falta de entrenamiento específico tiene su efecto en la memoria, aunque no tiene por qué ser necesariamente negativo, porque esa pérdida de la capacidad para recordar números se compensa con la memoria para saber dónde y cómo los tenemos que ir a buscar».

En definitiva, parece que la conexión à la Martini (donde estés y a la hora que estés) de la que habla Alfons Cornella no parece la fórmula ideal para relacionarse ni con el entorno digital ni con nada en la vida. Pero de ahí a demonizarlo por el mal uso que algunos podamos realizar del mismo…

¿O no? ¿A ti qué te parece?

Fuente de la imagen: Freedigitalphotos

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