
Al margen del sesgo obvio que supone la descripción del proceso por parte de su responsable de Comunicación, el texto reflejaba algunas certezas sobre el proceso digital y las oportunidades que ofrece para las organizaciones que cuenten con la actitud y voluntad necesarias.
- Lo digital (como filosofía y estrategia), primero. Ha de ser la esencia de procesos, productos y servicios y debe comenzar a trabajarse antes y desde dentro (nunca después y desde fuera). Debe ser reflejo, y no mero envoltorio, de la organización.
- Valores y conceptos como la participación, la colaboración, la interactividad, la conversación constante o la red (también como metáfora) deben ayudar a situar, de una vez por todas, a la comunicación como elemento central de la estrategia de la empresa.
- Y dentro de la comunicación, la naturaleza digital (prácticas, hábitos, filosofía…) debe ser básica. La comunicación corporativa tradicional ha muerto. Los mensajes se crean, modulan y difunden fuera del edificio corporativo y si queremos intervenir -como un actor más- tenemos que compartir este espacio y salir de nuestros despachos.
- Los departamentos de comunicación, antaño dioses, han perdido el monopolio de la fe. La digitalización de usos y costumbres los ha convertido en un actor común, vulgar, en ocasiones con problemas graves de credibilidad y capacidad de influencia.
- En un entorno cada vez más inestable, móvil e incierto, la filosofía de cambio, experimentación e innovación constante que nos ofrece lo digital es un camino que conviene transitar
Si no abrazamos lo digital, si no permitimos que entre en nuestras empresas y modifique hábitos y valores…, entrará de cualquier modo.
El problema es que estaremos mucho menos preparados, el proceso será mucho más rápido y es probable que no tengamos una segunda oportunidad para evitar que nos arrastre.
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Fuente de la imagen: Freedigitalphotos