Inteligencia es la habilidad de adaptarse a los cambios, Stephen Hawking

Si hay una disciplina que se ha visto sacudida por los enormes cambios que vivimos a todos los niveles esa es la comunicación.

Y por tanto, sus profesionales viven en una incertidumbre constante; más allá del desempeño diario de su labor han de lidiar con un entorno que no deja de cambiar, sin apenas tiempo para amoldarse a estos cambios.

Por ello me ha parecido tan interesante el artículo publicado recientemente por José Manuel Velasco, en el que explicaba algunas de las principales conclusiones del Global Communications Report, una investigación sobre el futuro de la comunicación, basada en las percepciones de profesionales de la comunicación en todo el mundo.

Se citaba, por ejemplo:

  • Cómo los cambios corren más rápido que los profesionales

Hay décadas en las que no pasa nada y semanas en las que suceden décadas, Lenin

Estamos en esta última disyuntiva que planteaba Lenin. Sabemos que nos hallamos en medio de una revolución pero ni siquiera aspiramos a intuir hacia dónde nos dirige.

Ocurre por ejemplo con la gestión de los medios de comunicación, hace unos años una función básica, prioritaria, casi única, de los departamentos de comunicación y que hoy se encuentra a expensas de la propia (r)evolución de estos medios.

  • La mayor relevancia de la publicidad respecto a la publicity (de los medios pagados respecto a los ganados).

Mi percepción, sin embargo, es diferente. Considero que una vez maduremos y superemos fenómenos como las fake news o las burbujas de filtro, la reputación y la imagen pública de una marca u organización seguirán indisolublemente ligadas a la opinión de los demás, formada a partir de fuentes fiables.

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  • La necesidad de un mayor liderazgo, de mayor capacidad de gestión, entre los responsables de comunicación

Consecuencia lógica de su papel, cada vez más relevante en las organizaciones. Lo que implica, por otro lado, una mayor exigencia de formación y aprendizaje por parte de los profesionales.

  • El imperativo de elevar los estándares éticos

Otro aspecto del que discrepo. Básicamente porque la comunicación jamás tendría que haber renunciado a su carácter ético; están indisolublemente vinculados.

En tiempos de zozobra moral, debería haber sido un faro y no haberse plegado a la laxitud moral de muchas organizaciones.

Hoy, en cualquier caso, en el entorno en el que vivimos, la transparencia radical que disfrutamos y exigimos no permite atajos.

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Fotografia: Unsplash

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