Con más información que nunca, ¿por qué recurrimos a los estereotipos?

Sucede el curioso fenómeno de que -en muchos casos- a mayor cantidad de información sobre un tema, menor grado de profundización se alcanza en su debate. Y lo peor del caso es que estamos en un momento próximo a la saturación…

Sospecho que tiene tanto que ver con el esfuerzo requerido (pereza intelectual, ausencia de sentido crítico o falta de tiempo) como con la fuerza de los hábitos adquiridos.

Para el primer caso, recomiendo la lectura de un artículo reciente de Cristina Aced: ¿Estamos infoxicados? Consejos para combatir la saturación informativa.

Para el segundo, me gustaría citar al Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Lovaina Bichara Khader: “Extraviada, ignorante de la realidad, la opinión pública se refugia en los estereotipos y los prejuicios”. Se refiere en particular al punto de vista occidental sobre el mundo árabe e islámico pero su aplicación práctica resiste todo tipo de contextos.

O como afirma Nigel Barlow en su libro Re-think: «La mayor parte del tiempo usted y yo no estamos pensando; simplemente, estereotipamos».

Cada persona tiene una opinión –algunos incluso varias sobre el mismo tema y en un espacio temporal reducido- pero como muy acertadamente afirma Fernando Savater: “Las opiniones me parecen todo lo que se quiera menos respetables. Todas las opiniones son discutibles, si no fueran así dejarían de ser opiniones para convertirse en axiomas o dogmas».

En España, sin embargo, no tenemos problemas de opinión, más bien al contrario.

Qué valor tiene mi punto de vista sobre la crisis nuclear japonesa y la seguridad de las centrales, sus repercusiones para plantas ya instaladas… Sinceramente, muy poca.

Tras esta introducción, digna casi de un libro de Sánchez Dragó, me voy a detener en uno de los peleles favoritos de la opinión pública española: la Administración, así en mayúscula y en abstracto, y sus trabajadores, los siempre denostados funcionarios. [Cometemos ya un primer error de aproximación ya que un porcentaje importante de las personas que trabajan en algún organismo público no son funcionarios. Hay multitud de figuras, vínculos, relaciones… ¡Ya estamos otra vez con los detalles!].

Es más, muchos de estos empleados -que ahora lo hacen para la Administración Pública- vienen, como es mi caso, de la empresa privada. Y supongo que mis capacidades y actitudes serían similares en uno y otro caso por lo que la crítica sería igualmente extensible al ámbito privado por emplear a gente de mi ralea.

La diferencia está nuevamente en los detalles; tantos como personas porque cada caso es único. Y en la generalización se es doblemente injusto porque se cataloga a todo el mundo por igual y se hace el juego, a la vez, a los que acusan sin datos a un colectivo de determinada conducta.

Comentaba un excompañero holandés del sector privado -de una empresa de consultoría, de esas de verdad, en las que no sé realmente cuánto se trabaja pero sí puedo dar fe de las horas en las que al menos estaba- sobre este tema: «Es que estos funcionarios, por la mañana no trabajan y por la tarde, ni van».

 

Y tras todo ello, me uno a los análisis que realizaban recientemente Luis Arroyo (Cómo restaurar la confianza en el Gobierno, sin tener que recurrir a un anuncio) y Virginio Gallardo.

Si habéis llegado hasta aquí ya os habéis ganado el derecho a hacer todo tipo de comentarios, incluso negativos 😉

2 Comentarios

  • Cristina Aced
    Posted 17 marzo 2011 13:30

    Hola Luis Miguel,

    buen post. Tocas temas delicados, como el de la administración y esa eterna lucha entre los funcionarios pasivos y los funcionarios activos o los que no son funcionarios pero trabajan en la Administración, y tampoco son pasivos… La verdad, yo he conocido pasivos muy pasivos también en la empresa privada…

    En fin… ¿superaremos los estereotipos?

    Gracias por la referencia al post para combatir la infoxicación 🙂

    Un saludo,

  • Luis Miguel Díaz-Meco
    Posted 17 marzo 2011 15:56

    Muchas gracias Cristina. Es un honor que hayas tenido la oportunidad de asomarte al blog.

    No sé si son temas delicados, desde luego vivo en primera persona -sin ningún apasionamiento, por otro lado- este eterno debate que me parece equivocado desde su raíz porque el mal funcionamiento que, en muchas ocasiones, se achaca a la Administración Pública la padecen en primer lugar los propios trabajadores.

    Es necesario mejorar muchos aspectos porque la mayoría de las deficiencias estructurales no se resolverían con mejores profesionales sino con políticos que tuvieran la valentía y el compromiso de facilitar el cambio.

    Un saludo y hasta cuando quieras!

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