La principal dificultad en la toma de decisiones es que lo que está dentro de nuestro foco casi nunca es la totalidad de lo que necesitamos para tomar una buena decisión

decidete_optDecídete, Dan y Chip Heath

Para ayudarnos en esta tarea, los hermanos Dan y Chip Heath han escrito un auténtico manual, imprescindible, en el que abordan -a partir de multitud de estudios y casos prácticos- las claves para afrontar con éxito la toma de decisiones, ya que -como afirman- nuestro cerebro es un instrumento defectuoso.

Los 4 villanos en la toma de decisiones

  • Visión estrecha. Solemos definir nuestras opciones de un modo muy restringido y a menudo como un problema de solo 2 opciones. En ocasiones la solución reside, en parte, en abrir el foco: en lugar de hacer esto o aquello, ¿puedo hacer ambas cosas?

Ejemplo: ¿Me separo o no de mi socio? Quizá el planteamiento correcto sea: ¿De qué manera podría mejorar nuestra relación?

De hecho, se ha estimado que las decisiones que solo valoran el sí o el no fracasan en el 52 % de los casos. Aquellas en las que se incluyen más opciones, solo lo hacen en el 32 %.

Y es más, los ejecutivos que sopesan más opciones toman sus decisiones más deprisa. Curioso!

  • Sesgo de confirmación. Solemos abrazar rápidamente una creencia y luego buscamos información que nos reafirme en ella. Un ejemplo claro lo tenemos en el ámbito político, donde todos seleccionamos la información que apoya nuestras certezas y rara vez criticamos o ponemos en tela de juicio nuestras convicciones.

Si estamos decididos a comprar un nuevo coche, buscaremos razones que justifiquen la compra y no que la pospongan.

De ahí la importancia de contar con la figura del «abogado del diablo», que la iglesia católica utilizó durante siglos para exponer argumentos en contra de las canonizaciones que se proponían.

  • La emoción a corto plazo. Cuando tenemos que tomar una decisión difícil nuestros sentimientos se exaltan.

Para evitarlo, podemos aplicar la técnica del 10-10-10. Valora cómo veremos la decisión dentro de 10 minutos, de 10 meses y de 10 años.

  • La confianza desmedida. Pensamos que sabemos más de lo que realmente sabemos sobre lo que ocurrirá en el futuro.

Confiamos demasiado en nuestras propias predicciones y el problema es que no sabemos lo que no sabemos.

Siempre que sea posible, deberíamos evitar toda clase de predicción. Y tampoco nos sirve la opinión de los expertos, cuanto más aparecen en los medios, más se equivocan 😯

Y para qué predecir, cuando podemos probar si algo funciona o no. En lugar de pasarnos seis meses diseñando un producto, por qué no montar una maqueta rápida y dársela a probar a nuestros clientes. Sus comentarios, sugerencias, críticas… nos permitirán obtener un diseño mucho más avanzado y perfecto.

No podemos desactivar estos sesgos, pero sí contrarrestarlos. ¿Cómo?

  • Ante la visión estrecha, busca, aumenta tus opciones.
  • Ante el sesgo de confirmación, contrasta tus suposiciones, sal de tu cabeza y recopila más información fidedigna.
  • Ante la emoción a corto plazo, toma cierta distancia.
  • Ante la confianza desmedida, prepárate para el error, por si no estábamos en lo cierto.

Y como es siempre más fácil ver los sesgos ajenos que los propios, es muy recomendable establecer un método que nos permita localizarlos con cierta facilidad. No dejes de leer la historia de Van Halen y los M&M’s marrones.

Para que no nos pase como al protagonista de esta anécdota, que también se relata en el libro:

Hace unos años, en un hospital de Ciudad del Cabo (Sudáfrica), se intercambiaron por error las pulseras identificativos de tres bebés. El director del centro reunió a los padres (un sudafricano, más acostumbrado a este tipo de situaciones, un argentino y un inglés) y decidieron sortear a los niños. El padre que sacara el palito más largo elegiría en primer lugar…

La suerte correspondió al inglés, un hombre refinado educado en Oxford. Tras su elección, el director le dijo: Disculpe mi intromisión, está usted en su derecho de elegir este niño pero es evidente que el bebé que ha escogido es del padre sudafricano, porque es negro.

Y el inglés contestó: ¿Qué quiere que me arriesgue a llevarme el argentino?

Porque:

El éxito nace de la calidad de las decisiones que tomamos y la cantidad de suerte que tenemos. No podemos controlar la suerte, pero sí podemos controlar la forma en que tomamos las decisiones

Fuente de la imagen: Freedigitalphotos

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