Aspectos clave para entender la comunicación en tiempos de crisis

 

¿Qué enseñanzas nos deja el manejo de la información y la comunicación en el plano político durante este periodo de pandemia?

Esta es la pregunta a la que trato de responder en el último número de la revista internacional que edita CAREP, el centro de consultoría y formación con el que colaboro.

Y estas son las cuatro respuestas, más evidentes, que he encontrado:

  • La inercia digital se ha visto sacudida por la COVID-19, ya no hay vuelta atrás
  • El actual ecosistema informativo incluye un problema (la sobreinformación) y una grave amenaza (la desinformación)
  • La transparencia nos persigue. No podemos escapar del escrutinio público
  • Que nuestro sesgo hacia el optimismo y nuestra resiliencia faciliten el aprendizaje hacia el cambio que necesitamos

Puedes descargarte aquí la revista y consultar el artículo, a continuación:

El futuro no es lo que solía ser, Yogi Berra

En tiempos de incertidumbre, como los actuales, las dudas pesan más que las certezas.

Ante un mundo impredecible, como diría Daniel Kahneman, los errores de predicción son inevitables.

Por lo tanto, parece mucho más prudente centrarse en lo que sabemos, aunque sea menos, que en lo que ignoramos. Y ver qué enseñanzas nos puede dejar el manejo de la información y la comunicación en el plano político durante este periodo de pandemia:

  • La inercia digital se ha visto sacudida por la COVID-19, ya no hay vuelta atrás

Los temores respecto a la digitalización de la sociedad, y no solo en el ámbito profesional, se han difuminado. La realidad, revelada con crudeza por la enfermedad del coronavirus, se ha impuesto.

Una vez más se demuestra que el ser humano es a la vez el principal motor y freno de los procesos evolutivos.

Los avances tecnológicos permiten ya casi cualquier tránsito digital. Muchas mentes, aún no.

En el ámbito de la función pública y el liderazgo político sería deseable que, puesto que es improbable que abanderen este proceso, al menos no sean una rémora.

  • El actual ecosistema informativo incluye un problema (la sobreinformación) y una grave amenaza (la desinformación)

El control de la información ha sido tradicionalmente fuente de poder. Hoy la información irrelevante, casi como una forma moderna de censura, nos domina, nos desborda y desactiva.

Frente a ella se han de imponer unos (nuevos) hábitos que incluyan un esfuerzo personal por poner en duda nuestros prejuicios, el sentido crítico para seleccionar los contenidos relevantes o la elección de unas fuentes (con)fiables.

Imprescindibles, ante la magnitud de una amenaza que corroe nuestras fórmulas de convivencia y nos empuja al abismo de la polarización ideológica, el odio y la incomprensión.

Y ante cuya gravedad sería ingenuo pensar que la solución puede venir de las grandes plataformas comunicativas (Google, Facebook…) que se benefician de su difusión.

El reto es mayúsculo. Los mensajes políticos, claves para cimentar la credibilidad y reputación de nuestros sistemas de convivencia, hace tiempo que dejaron de competir, solo, entre sí.

Ahora la competencia es mucho más amplia. Nuestra atención es cada día más escasa y el interés por cuestiones políticas mengua.

Redes sociales, medios digitales, plataformas de entretenimiento… Todos compiten por nuestra preciada atención.

Se da la paradoja de que ahora que disponemos de más información que nunca es cuando más cerca estamos de que la propaganda y la desinformación arruinen nuestra capacidad crítica y terminen destruyendo nuestros sistemas políticos, tal y como los conocemos.

  • La transparencia nos persigue. No podemos escapar del escrutinio público

La comunicación transparente (honesta, sincera) es la única vía.

Con suelos, paredes y techos de cristal ya no hay opción de escapar del escrutinio público.

Ante las crecientes preguntas que se nos plantean, la única respuesta es la transparencia.

La trazabilidad de cada movimiento, cada decisión, (casi) de cada pensamiento… es ya posible.

Si hay algo que no quieres que nadie sepa, quizás no deberías estar haciéndolo, Eric Schmidt

Las tradicionales negociaciones secretas, los conciliábulos, las decisiones opacas son cada día más difíciles de mantener. Casi siempre terminan por aflorar y poner en grave riesgo acuerdos y reputaciones, individuales y colectivos.

  • Que nuestro sesgo hacia el optimismo y nuestra resiliencia faciliten el aprendizaje hacia el cambio que necesitamos

El ser humano tiene un sesgo natural hacia el pensamiento positivo, hacia el optimismo. Muy útil en la evolución de la especie, encierra también algunos peligros como el de mostrarnos, en ocasiones, ciegos a la realidad que tenemos delante, al asumir riesgos innecesarios.

Y gracias a nuestra resiliencia, ante el peor trauma que imaginemos el 75 % de las personas vuelve a ser feliz tras dos años.

Aprovechemos, pues, esta inyección de fuerza y aprendizaje para salir reforzados de la crisis.

Porque, la perspectiva optimista más provechosa en situaciones de riesgo es la que nos induce a esperar lo mejor y a prepararnos para lo peor, Luis Rojas Marcos.

¿Estaremos a la altura?


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Fuente de la imagen: Pexels

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