2 sencillas reglas para gestionar eficazmente las crisis

 

Pensar ahora y entrar después en crisis, John le Carré (Un hombre decente)

Defiende el estoicismo, la necesidad de encontrar una buena filosofía que guíe nuestra vida y nos conduzca a la felicidad. Una concepción que entronca directamente con los valores personales o los de una marca o empresa.

Dentro de sus recetas propuestas para adoptar un modo de vida estoico y alcanzar la felicidad hay dos que podemos aplicar eficazmente a la gestión de cualquier tipo de crisis.

  • La visualización negativa

Ante cualquier situación, los estoicos siempre se planteaban la pregunta: ¿Qué es lo peor que puede pasar?

Si pensamos en ello, defendía Séneca, atenuaremos su impacto cuando finalmente acontezca (si finalmente se produce).

O como afirma el psiquiatra Luis Rojas Marcos,

La perspectiva optimista más provechosa en situaciones de riesgo es la que nos induce a esperar lo mejor y a prepararnos para lo peor.

Además, solemos tener muy mala memoria y -debido a la adaptación hedónica– dejamos de valorar rápidamente aquello que hemos conseguido.

Hemos de tender a valorar más lo que tenemos (apostar por la prevención, por ejemplo) en lugar de buscar incesantemente todo aquello que no tenemos (un crecimiento excesivo que colisione con nuestros valores y nos conduzca a la crisis).

  • La dicotomía del control

Algunas cosas dependen de nosotros y otras no (dependen de nosotros), Epicteto

 

Si un problema tiene solución, no hace falta preocuparse. Si no tiene solución, preocuparse no sirve de nada, proverbio chino

Nos comportaremos de forma estúpida si nos angustiamos por lo que no depende de nosotros; como no depende de nosotros, preocuparnos por ello es fútil.

En cualquier caso, deberíamos fijarnos siempre objetivos internos y no tanto externos. En un partido de tenis, por ejemplo, nuestro objetivo no debería ser ganar el partido (algo externo, sobre lo que solo tenemos un control parcial) sino jugar y dar lo mejor de nosotros (algo interno, sobre lo que sí tenemos un control absoluto).

En el caso de las crisis, los esfuerzos de prevención siempre son loables pero eliminarlas de raíz es algo que no depende totalmente de nosotros. Centrémonos en cómo gestionarlas eficazmente cuando surjan.

En definitiva, si dispones de una filosofía de vida (de unos valores ya sean personales o empresariales), la toma de decisiones es relativamente simple: al elegir entre las opciones que nos ofrece la vida, simplemente nos decantaremos por aquellas que mejor nos ayuden a alcanzar nuestros objetivos.

En ausencia de estos valores, incluso las decisiones relativamente simples pueden desembocar en graves crisis.

Porque nada, excepto nuestros pensamientos, está completamente bajo nuestro control, René Descartes

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Artículo basado en el libro El arte de la buena vida de William B. Irvine

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Fuente de la imagen: Unsplash

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